El mundo en general y Europa en particular han hecho enormes
esfuerzos por olvidar el tremendo daño que la arrogancia germana causó en
Europa en dos guerras mundiales, guerras por cierto, que Europa no supo
resolver y tuvieron que intervenir los EE UU para finalizar con las contiendas.
Superadas las guerra, a Alemania se les condonó todo lo que debían de la
primera y no se les cobró el daño causado en la segunda, gracias a lo cual y
sumado a la ayuda económica estadounidense, Alemania pudo despegar económicamente
a partir de 1949.
Ya dentro del Euro fue Alemania la que para pagar los costos
de su reunificación trasgredió el pacto de estabilidad, la exigencia de 3%
máximo de déficit respecto de su PBI, algo que España cumplía en años del
gobierno de Aznar; pero lo más grave fue
que para poder financiar el coste,
indujo al Banco Central Europeo a fijar un tipo de interés bajísimo en
beneficio propio, que fue el origen y motor de la burbuja inmobiliaria
española, sin olvidarnos que los pisos que se construían en España en gran
medida eran comprados por alemanes también beneficiados por un dinero regalado.
En Europa todos los países tienen sus pecados, especialmente
y por épocas, al no guardar el sano principio del equilibrio presupuestario
(público y privado), pero hoy, la arrogancia alemana culpando de todos los males a
los países del sur, en nada contribuye a solucionar la crisis. Queda claro que hoy no quieren compartir los
desajustes económicos de los países del sur, olvidando que éstos compartieron
con los alemanes los desequilibrios y horrores originados por sus guerras y
luego por la reunificación. Ayer los costes a pagar fueron para salvar las
escaseces y necesidades del pueblo del este, hoy deben ser para salvar las escaseces y
necesidades de los pueblos del sur.
Los pueblos siempre deben estar más allá de los caprichos y las
erróneas decisiones de los que mandan, tanto ayer como hoy.
