En los últimos años en nuestro país hemos asistido y asistimos a una degeneración de la democracia. Esta forma de elegir y deponer gobiernos, la menos mala de todas las conocidas hasta ahora, debe basar la confrontación bien en ideologías diferentes, formas de administrar y prioridades diversas, o simplemente, equipos con visiones antagónicas de la realidad y cómo modificarla.
Lo que nunca debe ocurrir es que los recambios de gobierno aúpen a grupos de poder de origen mafioso, cuyo objetivo sea subvertir la vida del pueblo para llevar a cabo sus prácticas mafiosas, cuando no terroristas, generalmente vinculadas con el narcotráfico y la corrupción organizada.
La lógica detrás de la decadencia
La degeneración de la democracia tiene la misma lógica perversa que el garantismo penal, donde la víctima es la culpable y el victimario un postergado o un desclasado de la sociedad capitalista. En la degeneración democrática, los depravados que buscan el poder siguen la misma lógica: someten al pueblo —la víctima— a la pobreza para luego victimizarse ellos mismos, y al no conseguir buenos resultados que mejoren la calidad de vida de los habitantes, culpan de ello a "los poderes concentrados", al "capitalismo salvaje", a los "medios hegemónicos" el FMI y a otras mentiras.
Proscripciones necesarias
En la democracia, no "todo vale" ni todos los ciudadanos deben ser elegibles. La proscripción de los depravados que someten a la pobreza al pueblo en pos de sus negocios, destruyendo el Estado y envileciendo la moneda, debe padecer el ostracismo. Así como los delincuentes comunes pagan sus delitos en la cárcel, los depravados políticos deben ser apartados de las instituciones de la República a la que agredieron.
Para ello, la ley debe contemplar la proscripción de los destructores de la Nación para impedir que destrocen la vida de sus habitantes, y para ello es necesario legislar para que aquellos degenerados que maliciosamente y con parámetros objetivos hayan llevado al país a la pobreza, aumentado la mortalidad infantil, manipulado la justicia, la educación, destruyendo la sanidad pública, perpetrado el saqueo sistemático del patrimonio estatal y arruinado su solvencia macroeconómica, sean proscritos de competir por el acceso al poder.
¡El que las hace las paga!.
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